“Der Begriff der Affizierung sucht daher auf die Frage zu antworten, wie die Bildung eines Quasi-Ersten, wie die Entstehung von Neuem auf allen Ebenen zu denken ist. […] Ja, es lässt sich behaupten, dass sich das Philosophieren erst mit dem Versuch der Erfassung dessen, was im Wahrnehmen und Denken beunruhigt, erregt, sich hinneigend verbindet und über sich hinuastreibt, folglich mit der diskursiven Bändigung des zwiefältigen Affizierungsforgangs überhaupt konstituiert und dem Namen der »Philo-Sophia« gerecht zu werden strebt.” Michaela Ott (Affizierung, 2010)
Claro esto ya lo sabíamos y es precisamente aquello que Deleuze repite constantemente: el pensamiento comienza con el encuentro una cara extraña (deformada), con un gesto, con un susto que es ese choque que hace que la cabeza se desencaje y comience a trabajar, es decir, con un encuentro a-orgánico con el afecto. Siempre trabajamos saliéndonos de un círculo; por eso la poesía es pues, la fuente, claro como dice Paz, la fuente del lenguaje mismo, y el lenguaje, claro, logos, no es más que eso, desde un principio, pensamiento.
(Ahora el problema es diferenciar ese afecto no-lingüístico de la palabra misma. Ahí hay un nudo bastante enredado. Tengo dudas de creer que la palabra misma no es afecto, porque entonces ¿qué sería?. Si la palabra no es afecto ¿por qué García Lorca u Octavio Paz? ¿Por qué entonces ese río que es necesario e implícito en el logos, en el pensamiento o en el lenguaje? Por lo menos en la poesía no hay diferencia como no la hay en el evangelio de San Juan; ni en la religión ni en la poesía, tal vez tampoco en la música…. me parece que en la ciencia sí la hay.)
Se puede hacer una tipología, sí, una tipología de rastros, de huellas del pensamiento. Ahí entonces encontramos tipologías de notación, cajas humanas, cartografías clasificadas: filosofía, arte, ciencia, música, etc. etc.